Los árboles y sus raíces – las principales víctimas del Parquicidio

En esta sección analizamos el tema de cuanto afecta una construcción de estacionamientos subterraneos el crecimiento de los árboles, cuando estos se planta, replantan o transplantan sobre este tipo de edificaciones, y cuáles deberían ser las exigencias de profundidad y volumen para que sobrevivan ante tal incidencia de impacto ambiental.

Al final veremos por qué en el caso de nuestra ciudad, estacionamientos subterráneos debajo de los actuales parques es lo peor indicado, y que lo mejor sería en todo caso retomar espacios abandonados por sus dueños y convertirlos en estacionamientos subterráneos con plazas semi arboladas en su superficie y promover la creación de azoteas verdes en todos los edificios que tienen espacios ociosos en sus techos o azoteas.

En esta sección, a pesar de que no somos botánicos, o agrónomos (como lo exige el pliego de cargos del proyecto para participar), hemos recurrido a las mejores fuentes científicas disponibles para explicar con paso en firme y disuadir a quienes proponen este proyecto y en todo caso convencer a los concejales y otras autoridades de impedir la destrucción de los parques bajo amenaza.

Condiciones técnicas básicas

La construcción de un estacionamiento subterráneo con una superficie a nivel convertida en “parque” es similar a la construcción de un edificio con techo o azotea “verde”, con la excepción de que las estructuras de concreto son enterradas y por tanto la composición del concreto vaciado afectará el suelo circundante.  Es decir, el impacto de un estacionamiento subterráneo va más allá del área cubierta por la estructura, pues todo el suelo y subsuelo circundante va a ser afectado, principalmente en su pH, así como en porosidad y capacidad de captura de agua e intercambio de sustancias minerales, aparte de que inhibe físicamente la extensión de raíces de árboles que quedan fuera de la estructura y el acceso de éstas a nutrientes que estuvieron en donde luego habría una estructura.

La gran falla de los estudios de impacto ambiental (EIA) en Panamá es que nunca consideran los impactos ambientales físicos, químicos y biológicos circundantes inmediatos y mediatos, y aún así son aprobados tajantemente por la Autoridad correspondiente.  Sin embargo en el caso de los estacionamientos subterráneos por ejemplo en parques ya arbolados los impactos aún cuando se dejaran los árboles circundantes al área de la excavación, estos serían duramente afectados al punto de ser condenados a su rápida desaparición.

Así, para evaluar los efectos de la construcción de una estructura como un estacionamiento en un parque, y luego “crear” un parque en la parte superior a nivel de la calle, requiere un conocimiento profundo, en base científica, tanto empírica como de análisis experimental directo, y no del tipo de percepción que generalmente se asocia a un arquitecto paisajista. Las implicaciones van mucho más allá de la competencia de éstos, incluso más allá de las de un simple ingeniero agrónomo, como lo sugiere o recomienda el pliego de cargos del proyecto. Aquí se requiere la competencia de una ingeniero forestal con el más alto grado académico, que haya investigado los procesos que afectan el desarrollo arbóreo desde el suelo hasta el microclima inmediato y el clima regional, personal del que imagino no disponemos en Panamá en gran número, o en su defecto ingenieros forestales que hayan realizado investigaciones relacionadas con las competencias necesarias para acometer un proyecto de esta naturaleza. Un gran amigo de la Universidad de Chapingo en México, quien obtuvo su doctorado en ciencias forestales en la misma universidad en que estudiamos nos lo recalcaba hace poco.

De este modo, es necesario conocer a ciencia cierta varios aspectos técnicos básicos antes siquiera de intentar intervenir en un proyecto de esta magnitud: 1) alcance vertical y horizontal de las raíces de los árboles nativos como los que ya existen en los parques; 2) el volumen de suelo necesario para la sobrevivencia y posterior crecimiento controlado de estos árboles, 3) la composición química y fisiología de los suelos necesarios para estos árboles, 4) la hidrología de los árboles y sus raíces para definir el sistema de riego y drenaje, 5) la morfología de las raíces; entre otros aspectos. En pocas palabras es necesario conocer la calidad, cantidad, complejidad y diversidad de la biomasa que se va a manejar.

Hay muchos modelos de “cajones” para plantar árboles sobre estructuras de cemento, como veremos en el caso de los techos verdes más adelante, cuya profundidad se basa en literatura relativa a árboles más bien de climas templados, y en base a datos que no han sido corregidos o modificados por la más reciente literatura científica. Así, si vemos por ejemplo los modelos de estacionamientos en las fotos de secciones anteriores, veremos que algunos tienen una profundidad para la parte arbolada de apenas entre 0.50 metros y 1.0 metro.  Esto se da como resultado de recomendaciones incompletas para profundidades de raíces en suelos templados que no contienen suficientes nutrientes para climas no tan hospitalarios, y en cuyos suelos las raíces de árboles van apenas de 20 cm a casi 1.0 metro de profundidad.

Las raíces de árboles tropicales pueden alcanzar profundidades mucho mayores a 1.0 metro. No son pocos los casos de árboles de climas templados que pueden alcanzar hasta los 60.0 metros, tanto para los gymnospermas como para angiospermas.  El promedio de profundidad de raíces en ambos casos varía de 5.09 metros para gymnospermas a 5.93 metros para angiospermas [ver E.L. Stone y P.J. Kalisz, Forest Ecology and Management, 46 (1991)p 59-102].  Sin embargo el suelo necesario para la sobrevivencia de árboles con raíces de esos promedios es mucho más profundo, no se limita a la extensión máxima de sus raíces.

Han habido investigaciones no destructivas utilizando radares de penetración del suelo para deteminar la profundidad de las raíces en casos de árboles grandes y maduros en su hábitat natural, y con edades de más de 30 años.  En estos casos árboles de diámetro del tronco medido a la altura del pecho promedio de 35 centímetros y alturas a la copa de 15-20 metros, resultaron tener raíces que alcanzaron los 2.0-3.0 metros, ocupando las raíces un volumen de 70 metros cúbicos o más.  La profundidad del suelo alcanzado en donde los nutrientes eran absorbidos llegaba a los 4.0 metros, es decir al menos un metro más allá de las raíces, o un volumen efectivo de más de 140 metros cúbicos de suelo, es decir más del doble del volumen ocupado por las raíces [ver por ejemplo J. Hruska, J. Cermak y S. Sustek, Tree Physiology, 19 (1999) p125-130].

Los “Techos Verdes”

En el caso de colocar árboles sobre la superficie construída el modelos más cercano es el de techo “verde” para lo cual se necesitaría determinar qué tipo y cuánto de suelo y de sustrato de suelo es necesaria, así como los tipos, cantidad y grosor de la capa de drenaje que habría que constituir debajo del sustrato.  Esto es fundamental para determinar la profundidad de los depositorios o cajas de siembra o maceteros extendidos.

Han sido los alemanes quienes han desarrollado al máximo este modelo, tanto que han formado una asociación que emite recomendaciones, estándares y hacen pruebas contínuas y con centros de investigación y universidades para ir mejorando los sistemas de “techos verdes”.  La Sociedad Alemana de Investigación, Desarrollo y Construcción de Paisajes,  conocida por sus siglas en alemán FLL (Forschungsgesellschaft Landsschaftsendwicklung Landschaftbau), han desarrollado las universalmente conocidas Guías FLL.  Estas guías se basan obviamente en sistemas para climas templados, y por ello han sido adoptadas y revisadas en otros países templados como E.U. cuya Asociación Americana para la Prueba de Materiales (ASTM) a través de su Grupo de Trabajo de Techos Verdes (GFTF) desarrolló el estándar E2400-6 como Guía Estándar para la Selección, Instalación y Mantenimiento de Plantas para Sistemas de Techos Verdes, que es la norma exigida por contratistas a la hora de desarrollar techos o azoteas verdes en sus edificios.  En ciertas municipalidades, para obtener la certificación “verde” a través de sistemas de techos verdes, estas exigen cumplimiento de la norma E2400-6.

Los sistemas de Techos Verdes se agrupan en tres grandes grupos:

  1. Extensivos: de bajo perfil y que cubren casi la totalidad de los techos, generalmente con cubierta herbácea diversa, de relativo menor costo,
  2. Intensivos: más profundos, como jardines diversos capaces de albergar pequeños árboles además de arbustos y setos, y  permiten la circulación de personas, como si fueran parques pequeños, de alto costo en construcción y mantenimiento, e
  3. Intermedios: con un perfil más profundo que los extensivos pero menor a los intensivos y generalmente acomodan pequeños arbustos, plantas suculentas y herbáceas.

Ejemplos de sistema extensivo e intensivo:

Esquema del Sistema de Techos Verdes Extensivos

Esquema del Sistema de Techos Verdes Intensivo.

Aplicaciones del sistema de Techos Verdes intensivo para habilitar hasta un pequeño “bosque” o “jardín”.

Cinco ejemplos de Sistema de Techo Verde Intensivo.

Consultores de techos verdes en Alemania sugieren en base a las guías FLL por ejemplo que en el caso intensivo para árboles de tamaño mediano a grande (5-10 metros adultos), el suelo más el substrato tenga entre 60 y 75 cm como mínimo, con una capa de 10 cm de drenaje y protección. Hay casos de ejemplos de árboles de 6 m se han colocado en cajones de 45 cm. Este modelo intensivo sería el más próximo para reestablecer en algo el paisaje del parque al construir un estacionamiento subterráneo -aunque esto no es lo que se percibe de la propuesta-.

Uno de los problemas básicos es la durabilidad de los materiales que se utilizan para drenaje, protección e impermeabilizar; deben ser cambiados cada década al menos. Eso significa deshacer los parques una y otra vez.  El parque Urraca no ha sufrido cambios radicales en más de 70 años. ¿Permitiremos semejante cambio?

Peor aún, el caso que nos ocupa es el de un clima tropical húmedo, con dos grandes estaciones climáticas típicas de la región intertropical: temporada seca y temporada húmeda.  Para esta situación las normas FLL o ASTM realmente no se pueden aplicar como tales, como lo han ido descubriendo países como Singapur y China en su región económica especial de Hong Kong.

Así por ejemplo los volúmenes de suelo que se pueden calcular para climas templados utilizados en estas normas, como por ejemplo el modelo de Jim Urban, que relaciona directamente el diámetro del árbol a la altura del pecho de la persona (Diameter at Breast Height o DBH) con el volumen de suelo, no alcanzaría dada las diferentes necesidades de humedad y nutrientes de los árboles de climas tropicales húmedos. Estas recomendaciones de Urban son citadas por muchos en forestería para climas templados y subtropicales [ver por ejemplo D. Kent, S. Shultz, T. Wyatt, D. Halcrow, Landscape Journal, 25 (2006) 1-6].

Soil Volume vs Trunk Diameter Urban

Volumen de Suelo en función del Diámetro del Tronco medido a la altura del Pecho, según Urban. Adaptado a metros cúbicos en volumen en función de metros en el diámetro.

Sin embargo, la situación en el trópico húmedo es muy distinta.

En Singapur han encontrado necesario incrementar la profundidad de los suelos a partir de esas recomendaciones de FLL y ASTM para cultivar techos verdes sostenibles, además de modificar sustancialmente las normas para los sistemas de irrigación y drenaje así como la selección de plantas nativas que sean capaces de sobrevivir en situaciones difíciles o extremas.  En el trópico los sistemas más usados son los de tipo intensivo puesto que consideran mayor capacidad de almacenamiento de ague. Entre los resultados de los diversos trabajos en Singapur determinaron que en sistemas de techos verdes:

  1. Los componentes orgánicos del substrato se descomponen rápidamente, creando condiciones anaeróbicas, bloques de filtración y los sistemas de drenaje.
  2. Necesita un alto componente orgánico, que incluiría uso de productos de grava volcánica,  e incluso gránulos de plástico.
  3. Se desarrolla una fuerte asociación con la microbiología del suelo, por ello hay que evitar el uso de herbicidas, pesticidas, y fertilizantes artificiales; encontraron importante inocular el suelo con soluciones foliares y de diversos tipos de té.

 En Hong Kong, en un reporte técnico, el ingeniero D. Townshend de Urbis Ltd, determinó que el modelo preferido para aprovechar el clima tropical húmedo es el intensivo.  Encontraron que los sistemas funcionales tienen las siguientes características:

  • suelo profundo, de 200 mm a 2000 mm (20 centímetros a 2 metros)
  • la irrigación debe ser al menos similar a la de un jardín o huerta
  • el costo de mantenimiento va de $6.5 a $45 el metro cuadrado por año, con una inversión no menor a $20 por metro cuadrado por año.
  • costo inicial relativamente alto de $1000 a $5000 por metro cuadrado.
  • capacidad de carga relativamente alta para soportar árboles medianos y su respectivo suelo con drenaje, de 300 kg a 3300 kg por metro cuadrado.

El modelo promedio tiene una capa superior de suelo de 300 – 1500 mm (30 cm a 1.5 metros), con estos 1.5 metros para poder soportar árboles medianos; una capa de filtración; un agregado de drenaje de unos 100 mm, una capa protectora aislante de calor de al menos 30 mm, una capa impermeabilizadora (a prueba de agua) y un sustrato de concreto estructural.

Las propiedades energético-ecológicas de los techos verdes no han sido muy estudiadas. A la fecha hay un solo estudio realizado en 2011 en Hong Kong [C.Y. Jim y S.W. Tang, Energy and Building, 43 (2011) 2696-2704], para techos verdes intensivos mayormente.  Los suelos tienen en promedio 1.0 metro de profundidad, con una carga de 21 kiloPascales cuando están saturados de humedad.  Los árboles que se han adaptados no tienen más de 3 metros de alto, a pesar de que las especies asociadas pueden alcanzar los 5 a 10 metros.

Así por ejemplo, la primera investigación que habría que hacer antes de siquiera haber pensado en destruir los parques que tenemos, era conocer hasta dónde penetran las raíces de sus árboles y hasta qué profundidad tienen interacción fisiológica con los nutrientes del suelo.  Para lo primero habría que aplicar un radar de penetración de suelo, y para lo segundo insertar sondas remotas que leyeran parámetros de absorción a varios niveles y con trazadores y compararlos con la absorción de nutrientes con trazadores en las raíces. Este tipo de investigación probablemente se ha realizado por el Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales, pero desconocemos publicaciones relativas al tema.

Por tanto, dada la complejidad de la situación de los árboles en los parques a intervenir, los más que probables perjuicios que tendría la construcción de los estacionamientos subterráneos sobre el arbolado existente, y que su reemplazo con árboles encima de la estructura del estacionamiento no recuperarían ni en parte el árbolado perdido, resulta una aventura insensata haber siquiera sugerido la destrucción de los parques Urracá, y Belisario Porras, en primera instancia,  y  los parques Arias Paredes y Struntz en segunda, ya que estos últimos dos tienen menos árboles pero en el último caso los mismos son inmensos, con extensas e intensas raíces e irremplazables.

En resumen, la afectación sobre los parques y su arbolado existente sería irrecuperable y traería perjuicios irreversibles a los árboles que se mantengan como es el caso del Parque Urracá y el Harry Struntz.

¿Vale la pena “botar” nuestros parques y “malgastar” $40 Millones necesarios para otros proyectos más prioritarios en la comuna capitalina?

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